Que siento

Colores

No hablar de lo que duele
excepto con quien sabe
crecer, volver a pasar
por el mismo lugar
sin hacerse tanto daño.
– Silvina Giaganti

Puede no ser nada. Lo que solivianta a mi cuerpo entre las sombras mientras intenta escapar a toda costa de una sensación visible que sólo puedo nombrar yo. Mis ojos no me mienten, soy una guerrera vencida por las emociones, al menos por ahora.

Llevo varios días haciéndole promesas a mis piernas, a mis brazos, a mi estómago, a mis pulmones. Trato de entender por qué no han encontrado la manera de atravesar la turbulencia; escucho sus quejas, atiendo los golpes bajos que han estirado el dolor, exijo puntualidad a los químicos. Me estoy llevando al extremo para pedir un nuevo comienzo.

Mi cuerpo no se quiere callar, me aprisiona la cabeza si me levanto en dos tiempos y camino hacia atrás sólo para retar a mi equilibrio. La electricidad recorre todo el largo de mi columna vertebral y apoyo mi espalda en la pared fría y blanca por temor a caer. No hay risa, estoy encerrada en un salón de figuras peligrosas: hay culpa, hay desilusión, enojo, tristeza, llanto.

Los respiros insistentes me rompen; el aire ya no entra ni sale, se me han ido las palabras de la boca en forma de protesta. Dibujo tres o cuatro líneas antes de advertir un final y dentro de mí se repiten muchas voces que me incitan a mover los dedos sólo para escribir y buscar en mi cama esa ola densa y transparente que me arrulle hasta quedarme tranquila, hasta encontrar la paz.

En mi terquedad por no aceptar las pérdidas, sigo cumpliendo mis horarios y repaso las pausas necesarias que me permitan recuperar mis colores: verde alegre, azul nostalgia, rosa cariño, amarillo luciérnaga, violeta carcajada.

Empiezo cada día aceptando que mi cuerpo rebelde también se encuentra débil, insano. Llevo fragmentos de mis sueños acumulados entre las cejas y los brazos que me tocan hasta quedarse prudentemente en la escena donde el amor sigiloso se va apoderando de mis mejillas, mi garganta, mi tórax, mis piernas.

Estoy sanando desde lo hondo. Me estoy cuidando las heridas y las cicatrices en la boca, quiero seguir teniendo mis manos llenas – pero no ocupadas – y encontrar los matices que ahora me faltan cuando busco paciencia dentro de todo el terreno. Procuro ya no permitir demasiadas presiones, cada tanto recomienza lo que en ocasiones desconozco para despertar asombrada, para agradecer.

Alguien me está construyendo el amor y cubriendo los miedos con sólo dos manos. Hay energía en mi sonrisa y voy hacia adelante. Ahora abrazo mi cuerpo, aunque a veces sólo haya negro, digo mis líneas, acorto distancias, intuyo el cariño desde las iniciales de su nombre hasta el sitio que escogí para mí, para nosotros.

Me acomodo cuando puedo y no abandono los bultos emocionales, encontré el lugar que me sostiene. Siempre he sido yo, siempre ha sido él. Todos los colores sobre un cuerpo desconocido son los que me están sanando.

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