Que siento

La otra

Nunca llegamos
más que a nosotros mismos.
– Gloria Gervitz

Aquí vengo, otra vez, yo. Después de tantos días grises, de la angustia dando puñetazos en la mesa, de no saber por qué, de no comprender cómo, de voltear a todos lados y hallarme en el piso casi mutilada, de dejarme al descubierto sin tomar precauciones, de volver a mí sin encontrarme.

Podría decir que estoy en casa, pero mi casa está sola. No hay quien cocine, no hay quien limpie, no hay quien impregne un olor. Pospongo mis propios trabajos y pinto de blanco las cuatro paredes mientras repito “no puede ser tan fácil”. Me sostengo y caigo.

Todo lo que veo es una punzada de desánimo. A veces no entiendo el porqué, a veces no hay por qué. No ayuda el deseo de entusiasmo y mi alrededor se torna agonizante, como si hubiera quitado el ladrillo correcto que mantiene o derrumba un edificio. Silencio, todos los cuartos están abandonados y los muebles todavía tienen polvo.

Voy arrastrándome porque no tengo otra opción. No estoy triste. Es sólo esta incertidumbre insensata que no termina, ese golpecito en la sien, esa tensión que inicia en el cuello y no encuentra camino, ese tironeo que no me deja dormir porque no sé qué me depara.

Repaso lo ocurrido una y otra vez porque no cesa, nada cesa: ¿qué es todo esto? ¿Quién sigue aquí? ¿En qué nos convertiremos? ¿Cómo respirar mi propio aire? ¿Qué, de todo lo que veo, estará aquí cuando me ponga de pie? ¿Seré capaz de aceptar las consecuencias de un error que no cometí? ¿Qué ocurre con los demás cuando me voy?

Doy algunos pasos y llego a la esquina, parpadeo sin ganas. Tengo un mundo encima que no sabe cómo existir. Siempre he tenido un mismo sentimiento de incertidumbre: no sé a dónde pertenezco. El tiempo transcurre entre dudas y reclamos entre lo que fui y el miedo a saber quién seré. Pienso que a veces me falta escuchar la voz de quien decidió irse: <<todo va a estar bien>> y creer que así será.

Me veo. No sé cómo, pero me veo. Soy, de todos los escenarios posibles, la otra.

La otra hija/la otra hermana/la otra amiga/la otra novia/la perdida/la extraña/la olvidada/la que escribe porque tiene qué escribir/la que no escribe porque no tiene nada que decir/la que escucha/la que habla/la que se enoja/la que pierde/la que no pide nada y da y da y da/la que da por gratitud/la que ofrece a cambio de nada/la más o menos feliz/la distraída/la exagerada/la impensable/la que mira hacia abajo con vértigo/la que todo le parece mal/la que dice lo que piensa y la alejan/la que aleja sin pensarlo/la inesperada/la que camina detrás/la mujer/la que marcha/la que grita/la que sonríe/la que ríe siempre/la que siempre llora/la de al lado/la otra la otra la otra.

¿Qué hago con todas estas cosas sobre mí? Supongo que me gustaría saber si puedo cambiar algo. Si, quizá las burlas de mis compañeros de primaria y secundaria dejarán de retumbar en mis oídos cada vez que me mire al espejo. Si puedo construir círculos de apoyo mutuo, de gente que yo quiera y me quiera, y nos hagamos bien. Si soy capaz de enseñar mi rostro entero en más de una ocasión sin sentir que me estoy faltando al respeto. Si pueden volver las noches repletas de mensajes de cariño. Si las heridas algún día sanan por completo, si las personas que amas vuelven. Si puedo decir todo esto sin quebrarme, sin derramar una sola lágrima. Sin sentir que me estoy deshaciendo entre deseos para dejar de fingir que habrá más pláticas con mi mejor amiga, más risas con la madre de mi ex novio, más clases de baile y de fotografía. Para aceptar que sólo hubo eso, y no habrá más, de nada, conmigo.

Y aquí vengo, con esta carga pesada que me mantiene en pausa. Esa soy yo, entre semana, en cualquier horario, y en mi cumpleaños también. Soy yo, hablando con la pantalla porque ante todos los demás me quedo paralizada. Soy yo fotografiando las flores, poniéndolas en agua para que perduren. Esa soy yo, con la cabeza en alto después de soltar la mano de tres personas a quien amé. Soy yo, esa soy yo, mintiendo a todos cuando me preguntan si estoy bien. Soy yo, preguntándome quién soy. Volteando a verme para reconocerme, para aceptar que no hay otra.

No la busques porque no la hay. Soy yo, Alejandra, soy yo.

 

 

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