Que siento

Mis bougainvilleas

“Espacio es una palabra
que usamos para vacío, es decir,
un lugar donde no estamos nosotros”.

– Robin Myers

 

Después de varias semanas de insomnio y pesadillas, soñé con bougainvilleas. Por ser una historia completamente diferente, entré con mucho cuidado, casi preparada; tenía la obligación de ir muy lento, respetar cada detalle y ser muy persistente al momento de observar.

Avancé con una sensación extraña por todo el lugar hasta que me encontré con mi abuelo (días antes había sentido – en sueños también – su pérdida) y lo abrazaba tan fuerte que todavía puedo palpar la calidez de su tacto. Le intentaba leer el fragmento de un libro que estaba leyendo para explicarle el porqué de mi ausencia y recordarle cuánta falta me hacía. Antes de iniciar la lectura él ya estaba llorando, y yo también.

En mi pecho el dolor de su pérdida estaba vaciando mis cavidades. No supe nombrarme, todo eran espacios en blanco que me encargaba de llenar con lágrimas y que procuraba rodear con delicadeza: mis manos ilustrando sus huesos y gestos, mi sonrisa provocando la suya, mi oído afinando aquello que le da – y nos regala – vida.

Antes de abrir el cancel para salir a la lucidez que ofrecía el balcón, hice una pausa para repasar todo lo ocurrido. Me senté, respeté todas las señales, guardé todo aquello que flotaba y que no pude tocar, pero sabía que ahí estaba. Intenté sentir lo que todavía no percibía, lo que no es fácil, lo que no sé. Dentro de mí había miedo, pero era diferente: Respiré y avancé.

Afuera había un jardín descuidado, seco, vacío, pero con bougainvilleas. Las bougainvilleas son plantas que puedan llegar a crecer hasta los doce metros de altura si se encuentran al aire libre, y hasta tres o cuatro metros si se mantienen en macetas. Lo más asombroso de ellas es que, a pesar de florecer en climas templados, su capacidad de resistencia a las bajas temperaturas es inigualable; resisten el invierno aferrándose a sí mismas.

Poco después desperté con una imagen diferente de las cosas, respiraba mediando mis palabras ya entre luces y lámparas. Ya no me sentía descolocada por los sueños ni escenas anteriores, empecé a mirar de cerca, a conservar los espacios que parecían rebasar mi territorio y a recuperar todo lo que cayó después del derrumbe.

Como no me atreví a descrifrar cada uno de mis sueños (como averiguar quién y por qué estaba dejando secar el jardín), me dispuse a aceptar que, al final de todo, salgo debiendo. A mi abuelo, a mi madre y padre, a mis hermanas y hermano, a mis amigas y amigos, a la vida.

Reconozco la falta de cuidados desde la ausencia. El pasto demasiado crecido, el concreto repleto de hoyos, las ventanas oxidadas, las paredes despintadas, con grietas y con moho. El jardín se está secando y yo me estoy cayendo a pedazos. Soy la enredadera abandonada que resiste el frío, pero está languideciendo. Habrá que levantar la mirada y empezar a sanar desde adentro.

 

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2 Comentarios

  1. angie dice:

    No sé qué es lo que me trajo precisamente a este texto, quizá la curiosidad de lo bonito de la imagen, no sé, pero qué hermoso. La manera en que un ser tan querido ha hecho presencia en tu sueño me hizo recordar un sueño parecido. Sólo puedo decir que admiro la manera en que plasmas lo que sientes en las letras. Eres admirable. ❤️❤️❤️✨

    1. Alejandra Olivares dice:

      ¡Muchas gracias por ser parte de este camino! Soy muy afortunada de que gente tan bonita se atreva a leerme. <3

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