Que siento

Un día a la vez

“Tengo un día. Si lo sé aprovechar, tengo un tesoro”. 
– Gabriela Mistral

Cada día es muy doloroso; algunos días duele más y otros días menos. Las pérdidas van desdoblando uno a uno sentimientos distintos: Angustia, enojo, desesperación, tristeza. Pero hoy está el silencio. El silencio abrumador de quien no logra comprender por qué las cosas sucedieron de este modo. Un silencio que yo misma exigí porque me agoté de escuchar a quienes no comprenden mi dolor, a quienes no están viviendo la ausencia.

Tengo que admitir que este silencio me paraliza. Algunos días me consume al grado de no poder levantarme y sólo me queda romper en llanto. Acumulo mi ropa desordenada por días enteros y, aunque en ocasiones no hay llanto, siento un vacío muy profundo, palpable, casi enraizado con un cúmulo de sentimientos nuevos y -muchas veces- contradictorios.

Estas cosas no me asustan. Quizá sea por eso que me permito hurgar en mis heridas, taladrar y meterme a ciegas. Camino lento, sin escudos ni armas, en primera fila, desnuda e indefensa. Disfruto mis procesos, y sigo tratando de comprender las formas en que su ausencia me golpea la cara y me arrastra entre una multitud de gente que quiere ayudarme, pero no sabé cómo (ni siquiera yo lo sé).

Por eso no le temo a destruirme por dentro, a romperme en tantos pedazos que por fin logre reconstruirme. Hay vacíos que no se llenan y sé que este es uno de ellos. Mi cuerpo está cansado y la única anestesia que ocupo en mis días de duelo es el trabajo, pero justo ahora me siento aplastada.

Hoy quisiera ser más fuerte, tener la energía proporcional a mis responsabilidades. Entiendo que a veces hay que incrustar de a poco el cariño hasta que logre estallar, pero hoy sigo sintiendo culpable a mi sonrisa . No soy capaz de abarcar tanta felicidad, no aún.

Tampoco sé qué sucederá mañana: Si podré levantarme o no, si dejaré que alguien me dé la mano o si seguiré en esta burbuja en donde el dolor es un escenario feroz y yo permito que me consuma. Romperme, por ahora, es el único acto solemne que permito.

Algún día le terminaré de dar sentido a todo lo que fue, lo que sigue siendo y lo que implica para mí y mi familia. Por ahora sólo me queda ponerme al borde: Un día a la vez, Ale, un día a la vez.

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