Amor y matices

Reescribir

Ha llegado el día, amor:
El comienzo de una nueva vida,
el final de la anterior.

No hay vuelta atrás,
estoy lista para que me encuentres.
Hoy llevo respuestas,
certeza.

Ven,
Hay vino en la mesa.
Vamos a hablar,
estoy harta de hacerte sentir culpable.
Ya entendí:
Tus paredes son mi hogar
y tus laberintos, mi desierto.

Ya nos conocemos los bordes,
sabemos de nuestros precipicios,
pero aún hay mucho que contar.

Quiero decirte que
desde que duermes aquí,
las revoluciones no me alcanzan.
Hay bailes debajo de la arena,
brilla una luz en el cielo magenta
y todos mis sueños
confluyen en este lugar.

Ahora lo sé,
no eran tus miedos,
ni siquiera tus enojos,
era nuestra forma de explotar.

Estuvimos a un fracaso de darnos cuenta,
a dos gritos,
tres palabras,
cuatro segundos.

Y cállate:
Entiende que es imposible,
que ya no hay salida.
Siempre hemos sido “nosotros”.
Removimos la tierra,
encontramos raíces
y comenzamos a plantar.

Toda la tierra que tengo
la arrastro en mis zapatos,
para no olvidarte,
para aprender a esperar.

Y espero
tus treinta y dos tormentas,
tus pupilas contraídas
y tus agujeros negros también.

Ha llegado el día, amor.
No estamos listos para absorber
algo tan inmenso como esto.
No podemos retenerlo,
vamos a dejarnos huellas
en todo el pecho.

Ya sólo nos queda
irnos, al fin…
Y aprendernos,
mejorarnos.
Entender,
(de nuevo)
a respirar.

Porque mira bien,
que si hoy estoy aquí
es para pedirte que te quedes,
y yo me quedo
con tus miedos,
tus dudas,
tus errores
y tus locuras.

No tardes mucho,
que nos espero,
que ya es hora
y nos voy a reescribir.

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