Auto descubrimiento

Polvo en mis pasos

Como un signo de interrogación en medio de una pregunta que nunca debió ser, abandonado, solo. Como un hueco enorme que acentúa la falta de concentración y deja los sueños dispersos que llevan al margen la tristeza porque sabes que ya no puedes participar de nuevo, y corregir la sintaxis ya no está permitido cuando te enteras que tu vida no es un borrador.

Con esa confusión de haber entendido que tu lugar no está rodeado de “comas” y que una vez más te equivocaste al no entender de qué estaba hablando, porque ese contexto nadie lo quiere conocer y todos huyen cuando ven a lo lejos tus problemas.

Como el dedo que traza el signo y tiembla queriendo retroceder porque reconoce que se ha equivocado, pero se encuentra ahí, quieto, queriendo hacer algo, dibujando inconscientemente garabatos que le ayuden a remediar su error.

Con esa misma inconsistencia y la pesadez de aquello que sólo arrastra un polvo inútil y deja huella cuando lo acaricias con el dedo índice. Con esa desfachatez de los actos involuntarios, esa inercia que empuja para que casi siga de pie, pero no logra mantener el equilibrio porque pesa y ha interrumpido la adecuada redacción de una sintomatología completamente nueva.

Así, en plena confusión y como quien va dejando espacios en blanco para rellenarlos con cualquier signo incomprensible, siento que me pasa la vida. Mientras alguien escribe, pero piensa en otra cosa y se entretiene con mi vaivén de emociones porque supone una pregunta que puede interpretarse.

Justo así me encuentro, como un signo de interrogación mal puesto que jamás encontrará su razón de ser y da vueltas esperando que el tiempo lo borre; buscando huellas en un mueble viejo, sin vida y ajeno a todo.

Así me pasa la vida, tan pasiva y tan caótica que no me permite limpiar, retroceder ni avanzar.

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