Auto descubrimiento

¿Yo antes de ti?

Yo también estuve ahí, estuve en esos lugares que se viven más cuando se recuerdan que cuando se tocan. Ya estuve en esas canciones que duelen, aunque no las oigas, en los ratos libres y las noches de mucho ruido. Ya estuve cuidándoles el ánimo a los demás cuando les hacía falta, cuando necesitaban pláticas existenciales a las tres de la mañana, cuando simplemente querían compartir y derramar hasta la última gota de vino.

Yo también les pedí que se quedaran, que se fueran conmigo, que visitáramos nuevos lugares, que escapáramos… Pero ahora entiendo que su manera de mantenerme a salvo era una simple desilusión inminente porque, dejarme al margen de todo lo real, sólo permite romper todas las promesas anteriores.

¿Sabes? Te entiendo. 
Entiendo que a veces es complicado confiar en ti cuando te has fallado tanto por no fallarle a los demás, cuando dejas de ponerte primero porque crees que alguien más merece ese puesto, y no es así. Entiendo que has entregado tu confianza y se han encargado de devolverla rota, destrozada.

Y no. No siempre estamos listos para irnos, ni somos tan fuertes para quedarnos; pero al final todos se van y duele, porque te convences a ti mismo de que estás equivocado y que no te fallarán, pero los ves marcharse uno tras otro, y sólo te queda aceptar la derrota.

Por eso sé lo que sientes. Porque también probé sus miedos y conozco las muecas inconscientes que gritan que quieren salir corriendo; porque me aprendí de memoria las excusas, los perdones, los “no tengo ganas de hablar” que al final le agregan el “contigo”. Porque aprendí a leer la ternura de sus mentiras y los excusé como si lo merecieran.

Los rescaté a todos, una y otra vez. 
Y cuando ellos se sintieron a salvo y recuperaron su respiración, me regalaron todo su amor… Un amor tóxico que me hizo desvanecerme lentamente.

Supongo que a veces somos capaces de regalar nuestro último respiro a quien sabemos que nos lo va a robar, de mirar a los ojos y ofrecer todos los alivios que necesitan a pesar del cariño fingido, de seguirlos a donde quiera que vayan y caer con ellos, sin esperar que ellos hagan lo mismo por nosotros (porque no lo harán).

No importa, no dura mucho el gusto. Sólo hay que entender que, aunque amemos, no siempre nos van a amar de vuelta. Ahórrate las explicaciones y vete, no los busques, no ahogues tu bienestar en algo que realmente nunca fue. Aprovecha su inestabilidad emocional y corre, que no te cause terror verlos con alguien más, olvida sus costumbres, sus caprichos y preocupaciones, y márchate.

Al final… Estarás tan solo como lo estabas con ellos, extrañarlos será igual que tenerlos al lado. Repárate, sana tus heridas y procura correr el riesgo siempre, sin temores de antemano. Entrégate con la confianza que te da alguien que sabes que SÍ TE VA A MERECER.

También puede gustarte...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *