Desamor y fracturas

El fuego y la sombra

Sé que pronto ya no pasará nada, que tu fuego por fin tendrá otras llamas y que estas mismas palabras podrán ser ocupadas de una forma diferente, menos triste. Tal vez en ese momento abra los ojos por primera vez y descubra que mis dedos ya no te echan de menos, que mi cama ya no llega tarde a cualquier sitio y, entonces, me permita intentar acariciar la fotografía del buró sin destrozarme.

Quizá a medianoche podamos intentar algo diferente, podrás decirme algo que no sepa: Que eres feliz sin mí, que no me quieres. Confesaré que siempre lo supe y que, aunque no fuera conmigo, eras feliz. Tal vez no lo sabía por tus acciones ni por cada puerta cerrada; la felicidad estaba en tus ojos, en tu mano derecha que siempre buscaba la mía, en cada caricia que dibujaste en mi espalda.

Entonces, abrirás los ojos y no me verás. Bailarás con otro cuerpo, besarás otros labios, te reirás de otras heridas; pero yo ya no estaré, seguiré caminando y dejaré de mirarte. En el suelo sólo estará una sombra, libre de marcas, capaz de levantarse y volver a amar.

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