Desamor y fracturas

Recuerdos/heridas

Perdón si no abro la puerta después de que has intentado quebrarme el paso, es sólo que entre más lejos te colocas más cerca me encuentro de mí.

No te preocupes, me he encargado de borrar una a una las carreteras asfaltadas que me conducían a ti, ya sólo quedan caricias extranjeras y algunas heridas que aún no logro comprender.

El tiempo avanza y, con él, cada vacío: tus piernas quietas, tus manos estáticas, tus pasos frágiles e incapaces de seguirme. He llorado tanto que aprendí a aceptar con los ojos cerrados y a perdonar con los brazos abiertos.

Ahora sólo me quedan canciones, lugares… Pienso en ellos cuando me ahogo, cuando cruzo la calle e intento controlar mi respiración agitada, cuando volteo a ver nuestras copas y pienso que te gustaría estar ahí, conmigo.

A veces consigo huir de esos sentimientos que sabes que se quedan para siempre y, créeme, no dejo huellas. Sin embargo, después me descubro descifrándote y es entonces cuando debo concluir que me voy porque quizá te conozco, pero ya no te distingo.

Y así me voy, amor, haciéndole frente al daño y queriéndote con ambas manos, pero con el deseo firme de no quererte nunca más.

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